quiénes somos

El viejo mundo está muriendo.

Lo nuevo tarda en surgir.

Es en este claroscuro donde aparecen los monstruos.

— Antonio Gramsci


Hay algo intrínseco en esta frase, como una imagen residual que queda grabada en nuestras retinas una vez que dejamos de mirar hacia la luz. Con esto en mente, nació no solo el nombre de nuestra productora, sino también la esencia que impulsa nuestro crecimiento; en otras palabras, nuestro ideal.


Si pensamos objetivamente en qué es el claroscuro, lo concebimos como un puente que conecta dos fronteras. Como artistas y productores brasileños, lidiamos con una inquietud bastante particular, una especie de limbo identitario cuyo espejo nunca nos refleja con claridad.


Somos latinoamericanos y no hablamos español. Miramos al norte, al centro, al viejo mundo, pero tampoco sabemos hablar su idioma. Sabemos que «Brasil nunca fue a Brasil», pero ¿adónde se ha ido Brasil (o dónde está ahora)?


Somos João y Hellen.

Un hombre de Río de Janeiro y una mujer de Recife.

Nos conocimos en Buenos Aires, lejos de casa. De ahí nació Claroscuro: una productora con raíces en Río y Recife, pero con la mirada puesta en Latinoamérica. Somos productores y directores; hacemos películas, series, documentales, exposiciones y ¡todo lo que se nos ocurra! Ya sea para quienes están aquí, allá o en algún punto intermedio. Y no estamos solos. Para completar nuestro trío, tenemos a Eduardo, nuestro socio gerente, el mismo que organiza nuestras finanzas, le encanta trabajar con hojas de cálculo durante el día y ver películas por la noche.


Nuestra productora nace, pues, en este limbo fronterizo. Claroscuro es una transición, un punto de inflexión entre polos tan distintos como el día y la noche. Es donde ya no hay oscuridad, pero tampoco donde podemos ver con claridad las formas. Igual que Portuñol.


Nuestra misión consiste en confiar en una Latinoamérica más unida, buscando voces plurales que no suenen al unísono, sino que amplíen nuestras perspectivas a través de la diferencia.


Dejemos morir el viejo mundo, dejemos de tener sentido pensar en términos de ejes verticales y empecemos a pensar en términos de colaboraciones enriquecedoras para todas las partes.